SER PADRE ENTRE INVESTIGACIONES, PLANTAS Y CIENCIA

«Los tres somos la familia y los tres tenemos que llegar a ese balance».

Álvaro Perez es investigador y profesor en la escuela de Biología de la
Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) . Realizó una maestría en Biología de la Conservación en esa misma institución. Su especialidad es la botánica, específicamente la taxonomía (identificar y describir) de las plantas con flores (Angioespermas). Es padre de Flora de cinco años.
Una de las anécdotas que intenta explicar su pasión por las plantas se remonta a la niñez. Entre risas, explica que unas amigas que lo cuidaban de pequeño cuentan que le gustaba correr al jardín de su madre para comerse las flores. “Ellas dicen que desde ahí me gustan las plantas”. Lo cierto es que en el colegio fue su primer contacto con la investigación. ”Tuve al doctor Mario Vargas como profesor…Una influencia súper grande. Él, ya desde esa edad, nos llevaba al campo. Nos inculcó todo este gusto por el trabajo de campo , lo investigativo, la parte científica y ecológica”.
En pregrado, desde el primer semestre, trabajó con plantas y se vinculó con el herbario de la universidad. Mientras terminaba su maestría y realizaba la tesis nació su hija. “Obviamente fue un cambio grande para nuestras vidas en el ámbito personal y profesional. La Flora no es que fue un peso para terminar la tesis, pero tuve que organizar mis responsabilidades tanto para la ciencia , el trabajo, la docencia y también para la familia”. Para Álvaro todos los aspectos deben tener un balance para llevarlos en paz y de la mejor manera ¿Es posible?

El arte de negociar
Daniela y Álvaro son biólogos y, además de compartir el interés por la
naturaleza, les gusta la investigación en terreno. Para 2014 cuando nació Flora ya estaban casados. “Desde que uno se casa, piensa en su pareja y se limita un poco, pero cuando nace una hija o hijo, cambian drásticamente las condiciones. Ya no puedes hacer la vida de soltero: coger el carro y e irte veinte días al campo para las investigaciones y pensar que no pasa nada”, dice Álvaro.
El proceso de equilibrar los diferentes ámbitos de vida no siempre es fácil. “Por ejemplo, un balance para ti, puede ser ir solo quince días al campo y no veinte. Esos 5 días, que para uno pueden ser una reducción grande, para la familia puede que no sean suficientes, porque necesitan que estés más con ellos”, explica Álvaro. Además dice que los hijos a medida que van creciendo son más conscientes del entorno familiar. ”Te reclaman y dicen: papi, ¿por qué te vas? No te vayas tantos días. Eso crea un conflicto porque no quieres dejar al guagua, pero no puedes dejar de lado las responsabilidades de tu trabajo. Ni tampoco dejar de cumplir con lo familiar”, explica el investigador. “Los tres somos la familia y los tres tenemos que llegar a ese balance. Mi señora, Daniela, me ha apoyado incondicionalmente. Ella es quien ha cedido mucho para que yo haya podido seguir con todo estos trabajos. Ella, a veces, ha cumplido con todos estos papeles de padre y madre cuando me ausento”, señala Álvaro, quien sostiene que la comunicación ayuda a llegar acuerdos.

Docencia, paternidad y biología.
La paternidad le permitió a Álvaro conectar de otra manera con sus estudiantes y con los progenitores. “Cuando no le tenía a la Flora, no sentía esta responsabilidad que tienen los padres. Era más rígido en ciertos aspectos: si tenían que jalarse la materia, se jalaban y no me importaba el resto. Pero ahora veo el esfuerzo que hacen lo papás por pagar la universidad a sus hijos”. “La relación con mis estudiantes cambió porque ahora ya no me enfoco en las notas o el conocimiento solamente. Trato de ser una guía que les ayude a seguir su camino y puedan llegar a sus ideales”, agrega Álvaro.
Por otro lado , Álvaro considera que la biología también ha aportado en el ser padre. “En nuestro caso, el gusto por la naturaleza ayuda bastante porque podemos hablar de los árboles o de los bichitos que se asoman. Con esas conversaciones se puede llegar a tener más confianza con los hijos y empezar a relacionarnos más. Nos ha gustado llevarle siempre a Flora a las salidas de campo. Su primera fue a los dos años”.

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