Museos Desde Casa: Trabajar en red, una necesidad urgente.

La participación ciudadana y la capacidad de asociación son fundamentales, al menos hoy en día,  en los procesos sociales, culturales, científicos y académicos. A pesar de la honda impronta individualista que caracteriza a la postmodernidad, el espíritu social de la cultura se refleja en el afán de personas e instituciones por trabajar con, y para otros.

En tiempos caracterizados por las contradicciones de la globalización y la conectividad, aparecen posturas que alientan los “emprendimientos individuales”, pero también procesos de organización social basados en lógicas colaborativas y orientadas al bien común. Estos procesos, denominados ampliamente como “trabajo en red”, se caracterizan por visualizar colectivamente una meta común, pero no desde la homogeneidad ni la verticalidad que caracteriza a sin número de procesos globalizantes, sino desde el reconocimiento de la diversidad, la diferencia y, sobre todo, desde la complementariedad.

Si se parte de esto último, el trabajo en red permite el desarrollo de otras capacidades en los sujetos e instituciones, ya que implica, por una parte,  tomar conciencia de aquello que se busca potenciar en relación al trabajo de los demás, al mismo tiempo que se supera la individualidad con el objetivo de lograr colectivamente oportunidades y condiciones que generen nuevas formas de convivencia pacífica y democrática.

El trabajo en red contribuye al empoderamiento, en la medida que estimula la autonomía y el protagonismo de las personas e instituciones. Esta idea es afín al concepto de agencia, propuesto, entre otros(as), por Hannah Arendt, quien define la libertad de agencia como “la capacidad de actuar,  de tomar una iniciativa, comenzar, conducir, poner algo en movimiento y finalmente “gobernar” (Carpio, 2019).

Desde este enfoque, asociarse, vincularse a otros, deliberar públicamente e impulsar acciones que respondan a objetivos colectivos, como sucede desde el trabajo colaborativo y en red, permitirá, a nivel individual, afirmar la identidad y agencia, y a nivel colectivo, influir en lo público con mayor profundidad.

En los últimos tiempos se ha evidenciado, sobre todo en América Latina, una creciente tendencia hacia el trabajo colaborativo y en red, y aunque su desarrollo es imposible de negar, todavía hoy existen diversos sectores de la sociedad a los que no se ha extendido el beneficio de esta innovadora y revolucionaria forma de trabajo; uno de ellos es, precisamente, el de la producción, difusión y divulgación del conocimiento científico.

A pesar de ser varias las Universidades y Centros de Investigación Científica, existe muy poco interés por parte de los mismos en generar procesos de trabajo colaborativo, que permitan acercar el conocimiento científico a la ciudadanía, como una forma de democratizar el acceso a la información, que en muchos de los casos, tiende a quedarse concentrada en un grupo muy reducido de personas; o por el contrario, siguiendo la lógica del sistema imperante de mercado, se convierte en una mercancía a ser procesada, distribuida y consumida por el mejor postor.

Frente a esta realidad existen notables esfuerzos alrededor del planeta en donde precisamente la vinculación de dos o más actores ha posibilitado la implementación de estrategias a favor de la puesta en valor del conocimiento científico por parte de la ciudadanía de a pié. Uno de estos procesos colaborativos, suscitado en el contexto ecuatoriano, es el que ha permitido que la Universidad Politécnica Nacional y el Museo Interactivo de Ciencia aúnen esfuerzos en aras de propiciar el descubrimiento y la reflexión de la cotidianidad a través del conocimiento científico.

Este trabajo conjunto se ha caracterizado por una autorregulación, en donde los puntos o elementos de interés común se regulan y organizan a sí mismos en base a la experiencia adquirida, errores, aciertos y, sobretodo, con base el propósito común: generar procesos de apropiación del conocimiento científico.

Un ejemplo de esta sinergia es la que se ha desarrollado a través del proyecto “Ni sabes… la ciencia se puso divertida”, que busca concienciar a las y los ciudadanos acerca de la necesidad de descubrir, reflexionar y repensar lo cotidiano a través de la ciencia, y su re valorización como algo cercano, y no un tema distante de la realidad de cada día. De esta manera, desde el 2006 se han realizado alrededor de 15 eventos, como talleres específicos, charlas, conversatorios y cafés científicos, que han procurado, mediante diversas estrategias, despertar el interés y la curiosidad científica en públicos diversos.

Otra de las ventajas del trabajo colaborativo, es su carácter abierto y en constante crecimiento, lo que posibilita, entre otras cosas, que la red esté abierta a nuevos elementos o sujetos, al mismo tiempo que se producen nuevas e interesantes conexiones. El Torneo de Ciencia, que también se enmarca en el convenio entre el MIC y la EPN, ha dado lugar a que varios colegios e instituciones educativas de la capital se beneficien de esta propuesta, un evento lúdico-educativo en el que cada una de las Unidades Educativas pudo conocer y aplicar conceptos de álgebra, geometría, plano cartesiano, trigonometría, divisibilidad y aritmética.

La autonomía y diversidad en el trabajo en red dependen en todo momento de la acción autónoma de cada uno de los miembros que integran la red, lo que no significa ausencia de acuerdos y normas, sino por el contrario pactos y consensos que propicien la circulación e intercambio de conocimientos y experiencias.

Finalmente, se debe señalar que los propósitos y valores comunes son la razón de existir de una red, puesto que estos elementos son los que mantienen la cohesión y los que fortalecen el contexto para la acción conjunta; en el caso del Museo Interactivo de Ciencia, este afán ha trascendido el caso de la Escuela Politécnica Nacional; de tal forma que la preocupación y el afán por que el conocimiento científico no se centralice en un grupo reducido de personas, y que llegue a trascender a un público mucho más grande, ha posibilitado procesos de articulación conjunta con otras redes de las que el MIC hoy forma parte, como por ejemplo, la Red Kuna (Comunidad de divulgadores del conocimiento científico y ancestral), la Red POP (Red de popularización de la Ciencia y la Tecnología en América latina y el Craibe) y el SMQ (Sistema Integrado de Museos y Centros Culturales de Quito). Además, actualmente se está trabajando en generar vínculos con otras instituciones de Educación Superior como la Pontifica Universidad Católica del Ecuador, y con entidades de educación no formal como Robotic Minds.

La riqueza y potencialidad de una red, está en las interacciones entre quienes hacen parte de ella, en su capacidad para intercambiar ideas, pero también para tomar decisiones que se vuelvan operativas. Para ello es necesario asumir protagonismos y liderazgos, sin inhibir los de los otros y teniendo, cada uno de sus miembros, la disposición para efectuar todo tipo de labores al interior de la organización, sin manifestaciones de “estatus” que inhiban las interacciones. Esto permitirá que la disposición al trabajo colaborativo sea favorable y que la participación en la organización sea sostenida. Gracias a ello será posible superar el inmediatismo y proyectar efectos a mediano y largo plazo de las acciones emprendidas, a saber, la apropiación social del conocimiento científico.

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