Miles de razones para ir a un museo, y una sola para no retornar.

Redacción: Anita Yaselga – Mediadora Educativa del Museo Interactivo de Ciencia – Especialista Superior en Museos y Patrimonio Histórico.

El COVID- 19 modificó la forma de convivir con la ciudad: sus lugares, parajes y espacios de recreación se convirtieron, de a poco, en lugares olvidados. Entre otras cosas, el confinamiento demostró que nuestros hábitos de ocio, consumo y recreación no siempre incluían el visitar a un museo, incluso cuando el COVID no era parte de nuestras vidas. Ante tanta incertidumbre, como quiteña y madre, sentí la necesidad de buscar bienestar para mi hija, en donde ella pudiera liberar esa carga de meses de confinamiento obligatorio, sin contacto con la naturaleza y el exterior. Ella necesitaba salir, pero… ¿a dónde? Frente a esta pregunta, la respuesta común era: “salgan al menos al centro comercial”.

Esa sugerencia era el común denominador de muchas personas, pero… ¿por qué ese lugar?, ¿acaso el centro comercial significa en nuestras mentes el lugar “más seguro”, de fácil acceso y consumo? Tal cuestionamiento me llevó a pensar que, en verdad, desde mucho antes los quiteños preferimos ir a un centro comercial sobre a un museo u otros sitios recreativos. De acuerdo a los estudios de públicos realizados por la FMC[1], la gente prefiere pagar por salir a comer que visitar espacios interactivos de cultura. Si bien es cierto, todos tenemos el derecho a recrearnos de acuerdo a nuestros gustos e intereses particulares, pero quiero animarlos a volver a los museos. Que estos se conviertan en la primera opción de ocio, recreación y consumo dentro de nuestros intereses.

Sabemos que las razones para visitar los museos son varias y que están ligadas a aspectos culturales y educativos, pero en realidad es más que eso. Los museos son lugares emocionantes que además de contar historias sobre objetos y exposiciones, guardan contextos únicos para el aprendizaje, a menudo denominados entornos de «libre elección». Esto que quiere decir que es uno quien le da sentido y significado al lugar de consumo, es uno quien decide dónde y cómo quiere aprender, imaginar y experimentar de acuerdo a los intereses y aspectos del museo escogido, sea este histórico, artístico, religioso, etc.

Al momento de consumir todo ese contexto, ya sea por razones de ocio o recreación, la experiencia en el museo pasa a convertirse en saberes y valores que contribuyen significativamente a nuestro ser y sociedad, toda vez que sus contenidos, que no son exclusivos de intelectuales, académicos, curadores, científicos e investigadores, reflejan en la convivencia ciudadana un sinfín de nuevos aprendizajes, valiosos y emocionantes.

A pesar de ello, el siglo XXI supone muchos desafíos que los museos deben enfrentar. Estos incluyen, entre otras cosas, una mayor competencia y presión sobre la asistencia de usuarios, debido a la proliferación de opciones de ocio y el acceso a Internet. De esta manera, alrededor del mundo los museos se encuentran compitiendo en el mercado con otras actividades de ocio, dentro de lo que se ha llamado la «economía de la experiencia», definida como la amplia gama de experiencias de ocio educativo disponibles en la actualidad, pero que, en los museos, debido a sus distintos enfoques sociales, históricos, artísticos, religiosos, científicos, etc., abordan temas urgentes para su población y para la sostenibilidad de la misma.

A partir de lo anterior, es posible afirmar que el museo, hoy por hoy, es más relevante que nunca, puesto que es un actor clave para transformar la forma en cómo vivimos el presente y vemos el futuro, y, para ello, es importante aprender de los aciertos y desaciertos de la humanidad. En este ejercicio, ningún museo puede presumir de ofrecer una imagen completa de la realidad, pero las lecciones sobre memoria social y realidad nacional que nos ofrecen los museos, modifican la forma de comprender el pasado. De esta manera, los museos de ciencia también son responsables de esta tarea, por cuanto propician una conexión crítica para entender el universo en el cual está inmersa nuestra sociedad

La actual crisis planetaria, derivada de las relaciones intrínsecas entre la humanidad y el planeta, es el resultado de una desconexión entre la ciencia y el individuo común, donde la incomprensión sobre temas urgentes no ha llegado a ser parte de la cotidianidad de las personas. Esta idea se ilustra con el estallido del coronavirus en el mundo, donde se hizo evidente el desconocimiento de simples medidas preventivas, que sin embargo precautelaron la vida de los pueblos. Aunque los gobiernos son los entes responsables de actuar frente a estas amenazas, la ciudadanía en general evidenció una completa indiferencia hacia la cultura científica, y esto, muy probablemente, se deba a los problemas que existen en la comprensión de la ciencia, como un elemento clave para el desarrollo de la sociedad.

Precisamente por ello, hoy más que nunca, es necesario que puedan acceder a la ciencia, de manera abierta, clara y comprensible, por ende, es necesario que la ciencia no se quede en laboratorios, centros de investigación científica, academia/facultades de ciencias, entre otras. En este proceso, los museos de ciencia, a través de la educación no formal, cumplen un papel fundamental en la construcción de nuevos hábitos y actitudes para con la ciencia, en donde esta deja de ser vista como un campo elitista, y empieza a visualizarse como un servicio por y para la sociedad. Y en eso, los museos ternemos mucho que aportar.

Hablando del futuro, que es el tema del Día Internacional de los Museos este 2021, las instituciones culturales siempre tendrán un papel importante que desempeñar en la educación de las generaciones presentes y futuras. Desde la creación de exposiciones pensadas por y para la infancia, hasta la enseñanza en niñas, niños, jóvenes y adultos, en entornos distintos al aula o al hogar, los esfuerzos de los Museos se conjugan en un intento de perpetuar la enseñanza significativa, propiciando espacios de conciencia sobre la igualdad y la sostenibilidad de las sociedades. De ahí que los museos sean tan importantes para el futuro, como el futuro lo es para los museos, en la medida que estos espacios pueden iluminar nuestro presente y futuro, con una luz difícil de encontrar en otros lugares.

Ahora bien, desde una mirada recreativa y turística, también forman parte de los destinos turísticos de una ciudad o comunidad, puesto que están íntimamente ligados al sector del ocio. Lamentablemente en nuestra ciudad, Quito, los museos no son opciones de distracción, a pesar de su oferta de consumo recreacional y cultural. En ese sentido, los datos cuantitativos no aportan suficiente información como para entender por qué las personas deciden visitar o no un museo, sobre todo desde las distintas motivaciones que inspiran a las personas a acudir a estos espacios de entretenimiento cultural.

Los museos buscan comprender la experiencia del público a partir de las “motivaciones de las visitas relacionadas con la identidad del visitante” (Falk 2009, 35), así como con las razones por las que estos deciden acudir, o, en su defecto, no regresar. Dentro de estas razones, se pueden encontrar, por ejemplo: el lugar en sí mismo, la didáctica, el contenido estético, informativo o cultural del museo, la experiencia social con amigos y/o familiares, el entretenimiento, la proximidad al museo, la disponibilidad de tiempo, expectativas de afluencias de público y/o aglomeraciones, etcétera.

Y es precisamente aquí en dónde los museos quieren convertirse en la opción de consumo del gran público quiteño, posicionándolo como un nuevo segmento de usuarios, que comprenden el quehacer museístico, convirtiendo dicha comprensión en la razón principal para frecuentar los museos. El reto no es fácil y aunque la mayor responsabilidad para alcanzar este cometido radica en los museos, nosotros, los usuarios que con nuestras voces y necesidades particulares podamos co-crear un espacio que cumpla todas nuestras expectativas de consumo, recreación, ocio y aprendizaje, también nos convertiremos en protagonistas de esta cruzada a favor de una nueva forma de entretenimiento cultural.

Como quiteña que estudié Ecoturismo, y que me especialicé en Museos y Patrimonio Histórico, entiendo a los museos como destinos turísticos incomparables llenos de saberes que modifican la perspectiva del entorno, incitándome a generar cambios para transformar el mundo. Es verdad que los tiempos actuales suponen grandes desafíos para todas y todos, pero estoy segura de que las cosas siempre mejoran, de manera que los animo a ser parte de los cambios que buscamos, modificando la forma en que usamos nuestro tiempo libre y de recreación social,  visitando estos espacios que brindan un servicio social para el bien de la cultura, el arte, la historia, la ciencia y el patrimonio.

Actualmente, a pesar de los retos que la cultura enfrenta, los museos trabajan arduamente para sostener su compromiso con la gente, como lugares para aprender del mundo y de nosotros mismos. Como usuaria y profesional del campo museístico de Quito, he podido descubrir que la gente visita museos para aprender, educarse y entretenerse en un ambiente emocionante y estimulante que sea agradable para ellos y para todos los miembros de su grupo; por esta razón, como mediadora educativa del Museo Interactivo de Ciencia, mi misión es y será que su experiencia en los museos transcienda más allá de los conocimientos que podemos generar, y propicie valores y actitudes críticas para construir una sociedad más justa y equitativa para todas y todos. ¡Nos vemos en el Museo!

Bibliografía:

Falk, J., & Dierking, L. (2000). Learning from Museums: Visitor Experiences and the Making of Meaning. Walnut Creek: AltaMira Press.

Falk, J.H. and Dierking, L.D. (1992) The Museum Experience Washington. DC: Whalesback Books.

Kelly, L. (2001). Developing a model of museum visiting. Paper presented at the Museums. Australia Annual Conference, Canberra.

[1] Diario La Hora (noviembre 19, 2018). En 2018 los museos recibieron menos visitas. Recuperado de: https://lahora.com.ec/quito/noticia/1102201893/en-2018-los-museos-recibieron-menos-visitas-

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