Descubrir la paternidad en el camino

«Uno nunca está listo para ser papá o mamá. Uno aprende en el camino».

Diego Santiana nunca imagino ser mediador educativo. Estudió turismo y el plan se acercaba más a trabajar en una agencia de viajes que en un museo. Su primer contacto con el Museo Interactivo de Ciencia (MIC) fue cuando cursó un taller de mediación. Posteriormente se quedó como pasante. “Al terminar las pasantías, continué trabajando con niños. Fui auxiliar educativo  a un centro de  desarrollo comunitario al sur de la ciudad. Después de un tiempo me llamaron del MIC para trabajar, pero no pude porque ya estaba laborando en otro lugar”. Pasaría algún tiempo para que se vuelva  a abrir una vacante y se incorpore al equipo de mediadores. Tiene 31 años y es padre de Sara de 9 meses de gestación. “Han pasado seis años y estoy feliz del trabajo con el público. Al inicio había muchos nervios. Era el nuevo y todos me veían cómo trabajaba. Tuve experiencias vergonzosas, al principio”, recuerda Diego, quien admite que con el tiempo ha tomado consejos de sus compañeros más experimentados para mejorar. “El papel del mediador es facilitar conocimientos al público, por medio de la lúdica. Generando experiencias significativas y estimulando esa expectativa de seguir visitando el museo, que regresen. Que aprovechen los juegos que hay en cada espacio y que  sigan  investigando en sus casas”, agrega.

Un latido te abre el mundo
Susana y Diego se conocieron en el MIC. Al principio, no había química, pero su historia apenas comenzaba. “Cuando me enteré que estaba embarazada, fue una noticia increíble. Lo mejor que pudo haberme pasado. Susana me entregó una carta con un zapatito de bebé y me dijo: Vas a ser papá. Lloré de la emoción. A pesar de que años atrás yo no quería ser padre, no quería tener hijos ni formar una familia. Disfrutaba de mi vida de soltero”. Lamentablemente, ese embarazo no pudo llegar a su término. “Fue la peor noticia que recibimos. Nos costó bastante recuperarnos”, cuenta Diego, quien agradece el apoyo de su esposa en todo momento. Poco tiempo después, a los seis meses, a Susana le empezó un fuerte dolor en el vientre , así que fueron al médico y se enteraron que estaba nuevamente embarazada. “Fue un punto de emoción, pero de nerviosismo al mismo tiempo. De hecho, creo que lo asimilamos cuando le escuchamos el corazón en la ecografía. Cuando le escuchas el corazón se te abre el mundo”, dice emocionado. Para Diego la paternidad cambió su vida. ”Te das cuenta que no buscas las cosas para ti, sino para el bebé en camino. Por ejemplo, a mi me encanta la tecnología. Siempre me he comprado la televisión último modelo, el celular más actual, pero ahora veo un traje de bebé, un coche y ahí van mis pensamientos” confiesa y añade que además, la paternidad le permitió olvidarse de límites. “Con tu bebé empiezas a cantar, a ver series infantiles. Vas aprendiendo y esos recursos puedo utilizarlos en la mediación”.

¿Estamos preparados?
Diego no duda ni un segundo. ”Uno nunca está listo para ser papá o mamá. Uno aprende en el camino. Sí, es una noticia que la mayoría de personas esperan escuchar en vida, pero no estás listo. Tienes un sinfín de emociones, miedos. Se te abre el mundo, pero, al mismo tiempo, sientes que todo se viene encima. Piensas: ¿seré buen papá? ¿Será que podré darle una vida estable emocional y económicamente? Cuando nazca Sara, ella me va a enseñar a ser papá”. “Con los horarios de trabajo la cuestión del tiempo es complicada. Pero hemos llegado la conclusión que el tiempo lo sacas de donde sea. Ahora que está en periodo de gestación, llego en las noches y pregunto cómo ha estado, si hay alguna molestia. Siento que Sarita tiene una química increíble conmigo. Mi esposa me dice: Gordito, ya te escuchó. Ya empezó a moverse.
En la ecografía suele taparse la cara y cuando le hablo se descubre el rostro”, afirma Diego. Para él, aunque sean pequeños momentos, siempre hay tiempo para la familia, los hijos y las amistades.

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